
NOCHE 420

HIGHLIGHTS MAGAZINE ENERO 2025
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Serpiente MC nos abre las puertas de su Casa Club para conocer una de sus noches 420.
Un grupo de personas se reúnen bajo la luz sepia de la calle. Sus ropas coinciden en los tonos negros y los chalecos, que en su mayoría son de piel, para conformar la vestimenta con el mismo reflejo de orgullo y respeto que lo hace un uniforme. Motos alineadas a un costado son parte de la pintura en esta reunión nocturna que se da en las calles de Guadalupe, Nuevo León. La gente que pasa por el lugar voltea a ver que sucede, ya que dicha escena no es común. Poco a poco más personas van llegando y entre saludos y abrazos, después de unos minutos, todos comienzan a subir a las motocicletas. El grupo toma la avenida y comienza a desplazarse en formación de ruta entre el tráfico usual de un viernes por la noche.
La formación avanza, moviéndose entre vehículos y las miradas curiosas de sus ocupantes, coordinándose para abrirse paso y a la vez cuidar la integridad de todos los demás. Después de recorrer varios kilómetros, en cierto punto, el grupo da vuelta para internarse entre las oscuras y silenciosas calles de la zona oriente de la ciudad; entre grandes fábricas, bodegas y algunos baldíos, la serpiente se mueve de manera suave sobre el asfalto.

Han pasado quizá 30 minutos de recorrido, todos se detienen en una ubicación específica, comienzan a estacionar sus motos afuera de una casa que tiene una manta con un logo colgada como bandera y comienzan a saludar a las personas que ya están ahí, quienes nos reciben de manera afectuosa. Nos encontramos una vez más en la Casa Club de Serpiente MC, un motoclub mexicano que el día de hoy celebra una más de sus noches de fiesta, la Noche 420, en donde habrá cerveza, comida y algunos juegos relacionados con la weed, además de que es el punto principal del evento: compartir el porro.
Con solo acercarse a la entrada ya se puede escuchar la música que viene desde el patio, inundando toda la casa para recibir, junto con las luces de colores, a todos los invitados en una atmósfera con algo de Whiskey in the jar. En una pared, los cascos de las motocicletas de todos los conductores yacen colgados, expectantes de los partidos de un futbolito de mesa que se encuentra frente a ellos. Infinidad de voces que provienen del fondo de la casa se mezclan con la música del lugar. Todos quienes se cruzan en el camino se saludan de manera familiar al estilo Ray Liotta en Buenos muchachos.

Un machete, un cuadro de un león y una diana para dardos en una habitación, dan la bienvenida a lo que vendría siendo el bar / la cantina de la casa; sobre una barra, un garrafón de 20 litros con una imagen de advertencia y que en su interior contiene “aguas locas,” es un testigo silencioso de cómo poco a poco el alcohol comienza a correr por las venas de los presentes. Una luz blanca, normal, se abre como el espacio mismo de esa área, que es el patio, revelando ante nosotros el verdadero punto de reunión. Todo mundo lleva un chaleco con algún parche representando a su motoclub: Serpiente MC, Mustang MC, Fuerza Azteca MC, Orkos MC y Campech MC son los logos que se pueden ver, gente de diferentes motoclubs van y vienen por el sitio, y que aunque sean muy distintos entre sí, en la realidad y flujo de la noche se mueven como uno solo. El ambiente es más que agradable para abrir cervezas y que el humo corra por todoa la zona, tanto de la weed como de una parrilla con hot dogs que el mismo motoclub ha puesto para el munchies que vendrá, y a la vez, sacar algo de dinero para costear las necesidades de la Casa Club.





Entre todo esto pasa la noche cuando de pronto, al centro del patio, el Vicepresidente de Serpiente MC hace notar su presencia llamando la atención de todos con su voz a la vez que viste una gabardina beige que da introducción a que algo está por ocurrir. Chevo (Vicepresidente) da las instrucciones sobre los Concursos 420 a realizar esta Noche 420, así como algunas reglas e invita a quienes quieran participar o presenciar esto, a pasar al área donde se llevará a cabo todo. Sobre una mesa se coloca lo necesario para las actividades; hay retas entre los motoclubs para ver quien puede forjar un porro a una sola mano, quienes pueden hacerlo en equipo igual a una mano y quien puede hacerlo en el menor tiempo posible con los ojos vendados. Un enfriador lleno de caguamas que se encuentra en ese punto de la casa es la garantía de que nadie pasará sed durante la competencia.
Personas van y vienen en el lugar, al igual que los cigarros de weed entre lo que pareciera una densa niebla; algunos más observan a través de la ventana lo que ocurre cuando llega un punto en que la habitación se encuentra llena. Mientras todo esto pasa entre risas y humo, en la sala del machete hay gente conversando de una y mil cosas que da la carretera, sobre futuros viajes y hasta donde subió el velocímetro en un viaje a Arteaga (Coahuila); en el patio hay botellas de gente desconocida entre sí que chocan por primera vez, mientras que la pelota se escucha rodar en el futbolito y en la barra del bar hay bikers contando fichas para su siguiente jugada en el dominó, contando los días para su siguiente salida a otra ciudad.



Afuera, las motocicletas aguardan silenciosas a sus jinetes como en esas películas que retratan al México antiguo o al lejano oeste, como si durmieran, listas para escribir nuevas historias sobre el asfalto de la vertiginosa ciudad o en la soledad contemplativa de la carretera. Pero por ahora los bikers descansan. ¿Prisa por llegar a dónde? Al final, todos los caminos se vuelven a cruzar.
